Mi primera noche de jangueo en Washington, DC. Tras dos años de exilio voluntario, regresaba a Estados Unidos, y todo lo que allí había dejado: amigos, trabajo, el consumismo barroco, etc.
Me llamaron unos amigos de aquella prestigiosa universidad privada para que me reuniera con ellos y un grupo de amigos puertorriqueños en un exclusivo condominio de los barrios chic de Washington. ¿Por qué no? Total, es sábado.
Y ahí estamos, la intelligentsia de Puerto Rico y el Caribe bebiendo y bailando reggaetón, como cualquier hijo de vecino. A las dos de la mañana, un grupo de diez personas decidimos ir a una discoteca, y bajamos toditos apiñados en el ascensor.
En el revuelo de taxis e instrucciones gritadas, termino montada en la guagua 4x4 de uno de los chicos en la fiesta. Son amigos de mi amiga, chicos bien, con Iphones y vestidos de Polo, ¿qué puede pasar? Inocente mariposa...
Empezamos a conversar: de dónde somos, qué estudiamos, las preguntas de rigor. De golpe, el joven que va manejando me dice: “¿Qué problema de autoestima tu tienes que hablas así?”
¿Hablar cómo?, contesté incrédula.
Así, como tan...con...palabras de domingo.
Wow. Palabras de domingo, un refrán para los que gustan hacer alarde de su ignorancia. “No sé, soy traductora. Es mi trabajo hablar así”.
Pues no me gustan las mujeres que hablan así. Tengo mucho respeto por las personas que hablan simple, respondió.
Hablar simple. Como por ejemplo, sin adverbios. Pese a mi exceso de vocabulario, el caballero decidió proseguir con la conversación:
¿Qué tu piensas de Pedro Pierluisi?
No quiero hablar de eso.
No, dime. ¿Quién es ese?
En serio, déjalo.
Háblame de ese tipo, Pierluisi.
Bueno, pensé, a la tercera va la vencida: Pienso que no sirve para nada tener un tipo que tiene voz pero no voto en el Congreso. Sabía que había cometido un error.
Ahora sí que te jodiste, pendeja.
¿Permiso?
O estás bien borracha o eres bien pendeja.
Ninguna de las dos.
No sabes quién yo soy. Soy Eduardo Hilera, y este tipo (su copiloto, pobrecito, con amigos así) y yo trabajamos para Pierluisi. Ahora sí que la cagaste, pendeja.
Me pediste mi opinión, le dije, seca.
Fue ahí cuando frenó su guagua enorme de cantazo y me dijo: Bájate de mi carro, puta.
Sentí rabia y deseos de luchar. De contestarle. También sentí la gran impotencia para hacerlo. Estaba sola rodeada por tres hombres que pensaban que era una puta por mi forma de hablar y mis opiniones políticas.
Puta, te bajas de mi carro, repitió. Insistí en darle la mano antes de bajarme de su guagua de lujo. Como si al obligarlo a darme la mano, recuperara la honra que sus palabras me quitaron. Sin embargo, no hay nada que pueda resarcir el daño que me hizo Hilera esa noche a mí y a todas las mujeres puertorriqueñas que deseamos ejercer nuestro derecho a la libertad de expresión.
Resulta que Eduardo Hilera es asistente en la oficina de nuestro comisionado residente. Estoy convencida de que Pierluisi y Carmen Feliciano estarán encantados con esta reflexión de altura manifestada por Hilera. Sus insultos ponen de relieve el machismo subyacente en la cultura puertorriqueña. Además, demuestran la calaña de nuestros funcionarios públicos hoy en día (a propósito, pueden ver exactamente qué puesto ocupa Eduardo Hilera en el equipo de Pierluisi
aquí).
Este blog será dedicado a denunciar actitudes y comportamientos misóginos por parte de nuestros políticos, periodistas y pensadores. Asimismo, destacará temas de interés en torno al movimiento por la igualdad de género. Espero que esta página sirva como un espacio para reunir a mujeres y hombres con el valor de decir “¡basta!” en la tierra del eterno “ay bendito”.